Publicado el 27/06/2025 por Administrador
Vistas: 139
Una multitudinaria movilización tomó este jueves el corazón de la Ciudad de México. Miles de personas, entre criadores de aves, charros, familias rurales y simpatizantes de la tradición, marcharon con gallos en mano y pancartas encendidas para defender las peleas de gallos como una expresión cultural ancestral.
Con la consigna “El gallo nace para pelear”, la manifestación avanzó desde distintos puntos hacia el Zócalo capitalino, donde se instaló una feria cultural con música regional, exhibiciones ecuestres y discursos en defensa de lo que los participantes consideran “una herencia mexicana que está siendo amenazada por prejuicios urbanos y desconocimiento legislativo”.
Los criadores advierten que esta práctica, más allá del espectáculo, representa una actividad económica que da sustento a más de dos millones de personas en todo el país, incluyendo criadores, veterinarios, proveedores de alimento, organizadores de palenques y comerciantes locales. “No se trata de maltrato, sino de conservar lo que nos define como pueblos”, expresó un participante llegado desde Tlaxcala.
La protesta surge en respuesta al avance de leyes en algunos estados que buscan prohibir las peleas de gallos por considerarlas actos de crueldad animal. Mientras entidades como Veracruz y Quintana Roo ya han legislado en contra, otras como Hidalgo, Nayarit, Aguascalientes y Zacatecas las han reconocido como patrimonio cultural inmaterial, reforzando el conflicto entre tradiciones rurales y movimientos de defensa animal.
En medio de sombreros, música de mariachi y jaulas adornadas, los manifestantes defendieron el carácter natural de la pelea entre gallos, argumentando que se trata de una conducta instintiva entre estas aves de combate, criadas y entrenadas bajo normas estrictas. “Nadie obliga a un gallo a pelear. Lo hace por naturaleza. Lo que hacemos es cuidar su linaje y darle condiciones dignas”, afirmó uno de los criadores presentes.
La jornada transcurrió de forma pacífica, pero con una fuerte carga simbólica. Las antorchas que acompañaron la marcha fueron descritas como la “llama viva” de una tradición que se niega a desaparecer, y como advertencia al Congreso de que el mundo rural también tiene voz y raíces que merecen respeto.
Desde organizaciones defensoras de animales, en cambio, la protesta fue vista como un intento por perpetuar prácticas violentas disfrazadas de cultura. Argumentan que la modernización del país exige repensar tradiciones que involucran sufrimiento animal como forma de entretenimiento.
El debate no es nuevo, pero toma nueva fuerza en un contexto político donde distintas agendas se cruzan: la defensa de lo ancestral, la regulación del espectáculo, la protección del bienestar animal y la autonomía cultural de comunidades rurales.
La manifestación finalizó con una petición formal al Congreso para abrir audiencias públicas que permitan el diálogo entre sectores. Los defensores de las peleas de gallos piden ser escuchados no como infractores, sino como guardianes de una tradición que, insisten, forma parte del alma de México.